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10 feb 2011

Los mejores actores de la década

1- Anthony Hopkins
3- Heath Ledger
4- Jack Nicholson.
6- George Clooney
8- Daniel Day-Lewis
10-            Morgan Freeman.
11-            Viggo Mortensen
12-            Dustin Hoffman.
13-            Sean Connery.
14-            Javier Bardem
15-            Sean Penn
16-    Will smith

Los cinco mejores actores de la década

1.    Sean Penn

No podía ser otro. Hay personas que han nacido con un don especial para la interpretación, algo realmente difícil y poco común. Sean Penn es sin duda una de esas personas. Da igual la dificultad de sus papeles, la calidad de los guiones. Siempre consigue realizar un excelso trabajo dotando a sus personajes de una veracidad soberbia. Yo soy Sam, Mystic River, 21 Gramos, El asesinato de Richard Nixon, La intérprete y Mi nombre es Harvey Milk son ejemplos de su buen hacer que le sitúan en un lugar privilegiado dentro del mundo del cine, a la altura de los más grandes de todos los tiempos.

2.    Javier Bardem

Sin duda alguna, el mejor actor español actual del momento, con una fuerza interpretativa y una inteligencia que han hecho que merezca no sólo estar en la lista de los diez mejores actores de la década, sino estar además en el segundo puesto. Bardem comenzó la década deslumbrado al mundo con su interpretación de Reinaldo Arenas en Antes que anochezca. En 2004 de la mano de Alejandro Aménabar interpretó a Ramón Sampedro en Mar Adentro, otro de esos papeles de gran complejidad, en el que la mímesis fue total. Tres años después conseguiría el Oscar gracias a su frialdad en No es país para viejos, de los hermanos Coen interpretando a un asesino que se dejó el alma en algún cajón de su vida y que nada tiene que envidiar al Hannibal Lécter interpretado por Anthony Hopkins en El silencio de los corderos. Y ya estoy deseando ver Biutiful, la última de González Iñarritu que ya le ha proporcionado la Palma de Plata en el Festival de Cannes.
3.    Johnny Depp

Medalla de bronce por su versatilidad, por atreverse a hacer los papeles más extravagantes del mundo del cine. Actor fetiche de Tim Burton, ha trabajado con él en todas sus últimas aventuras: Charlie y la fábrica de chocolate, Sweeney Todd (para mí, la mejor interpretación de su carrera hasta la fecha) o Alicia en el país de las maravillas. Pero sobre todo ha dado vida a uno de los personajes más míticos de la Historia del cine reciente: Jack Sparrow, de Piratas del Caribe. Cinco nominaciones a los Globos de Oro en esta década y tres a los Oscars avalan su calidad interpretativa.
4.    Brad Pitt

 La evolución artística y la madurez interpretativa de Brad Pitt ha sido brutal. Es cierto que ha cometido errores (The mexican o Sr. y Sra Smith son pruebas de ello) pero también ha sabido rodearse de directores de la talla de Quentin Tarantino, Alejandro González Iñarritu o los hermanos Coen. En 2008 estuvo nominado al Oscar por El curioso caso de Benjamin Button, y el año pasado merecía la nominación por Malditos bastardos. Puede que Brad Pitt no sea para muchas personas el atractivo joven de los años noventa, pero sin duda su amplitud de registros interpretativos le hacen cada vez mejor actor. Por fin, si sigue así, le llegarán reconocimientos en la década que ahora comienza.
5.    Leonardo Dicaprio

El que fuera ídolo de adolescentes sobre todo por Titanic ha conseguido consolidarse como uno de los actores más valorados de su generación, ha conseguido encandilar incluso a aquellos prejuiciosos gracias a interpretaciones sin "peros" como la de El aviador o Diamante de sangre, por las que estuvo nominado al Oscar. Actor fetiche del maestro Scorsese, ha trabajado con él en todas sus últimas películas, como Gangs of New York, Infiltrados o Shutter Island, lo que le han convertido en un experto dentro del género del thriller.



28 oct 2010

Principios de la camara fotografica.

Hacia el siglo XVII se sabía que ciertos compuestos de plata se enegrecían al exponerlos al sol, pero se ignoraba si era el calor o la luz la causa del oscurecimiento.
Jihann Heinri Schulze, profesor de anatomía de la Universidad de altdorf en Alemania, descubrió que la luz causaba el proceso de ennegrecimiento. En 1725, cuando trabajaba en un soleado laboratorio sobre un método para obtener fósforo, descubrió por accidente que el compuesto que usaba en un matraz adquiría en el lado iluminado por el sol una coloración púrpura negruzca. Schulze abandonó su experimento sobre el fósforo e investigó el fenómeno. Recortó varias palabras de una hoja de papel y la colocó al rededor del matraz. Situó este cerca del calor de una llama pero no se produjo ningún cambio de color. Cuando colocó el recipiente al sol durante largo tiempo y luego quitó el papel, las palabras aparecieron en el matraz tal como habían sido cortadas, "fotografiadas" por el nitrato de plata oscurecido.
Schulze tardó algún tiempo en comprender que era la pequeña cantidad de plata de compuesto original lo que había causado el cambio. Sus hallazgos constituyeron la base de posteriores investigaciones sobre sustancias sensibles a la luz.








14 sept 2010

Introduccion

Comunicarnos, relacionarnos, comprender y expresarnos verbalmente es un asunto de todos los días. Sin detenernos a pensar cómo lo hacemos usamos las herramientas que para ello hemos aprendido desde niños: el código de una lengua determinada, que como convención social nos permite hablarles y entenderles a nuestros semejantes. La lengua, la entonación, los matices y los gestos comunes van armando nuestro discurso, sin revisar la complejidad del proceso interactivo de esa comunicación cara a cara (conversación interpersonal).

Muchas veces nos sorprendemos al ser mal interpretados en lo que intentábamos decir, entonces sobrevienen aquellas largas explicaciones que no siempre solventa el equívoco surgido. Confrontamos entonces la primera muestra del proceso de abstracción, complicación, necesidad de regulación y conocimiento de la Comunicación, la cual de manera sencilla puede representarse por un emisor, por el receptor y el medio.

Entendiendo como EMISOR a la persona que emite la información, al MEDIO como la lengua y al RECEPTOR como quien recibe el mensaje. Pero, como también conocemos, la conversación se da de parte y parte; es decir un individuo comunica y el otro al recibir responde agregando o completando la información ofrecida por el primero, de esta manera se establece un PROCESO RETROALIMENTADOR que permite que los personajes pasen de emisor a receptor dinámica e indistintamente, de acuerdo a quien tome la palabra. En este proceso ambos participantes se complementan y se origina así la comunicación dialógica (interpersonal).

Sentamos entonces que la comunicación básica entre miembros de una misma comunidad, se produce a través del código de la lengua que esa comunidad maneja, y que a las palabras le agregamos los gestos, la entonación y las inflexiones que requiere nuestra expresión. Mas aún, a veces un solo gesto puede sustituir frases completas: El movimiento de una mano dirá un adiós, un adiós efusivo, un adiós frío o formal, etc., de acuerdo a la intensidad y manera del movimiento. Pero tal como veremos más adelante, esa comunicación interpersonal, la primaria, la diaria, la sencilla, la del gesto y la palabra directa, implica y suma otra serie de elementos que determinarán su eficacia y complicarán su proceso.

Ahora, no todos los fenómenos comunicativos pueden ser explicados fácilmente a través de la utilización del lenguaje verbal, las inflexiones de la voz, los gestos y todos los otros elementos que intervienen en él. Tampoco por el lenguaje escrito que expone las ideas de manera diferente, como revisaremos luego. Tomemos por ejemplo la iconografía, los símbolos establecidos, que como tales superan el sintagma para convertirse muchas veces en un discurso rápido y eficaz; por ejemplo, si usted nunca ha visto las codificaciones generales de las señales de tránsito no podrá reconocer cuando le comunican que el acceso es de una sola vía, doble vía, túnel cercano, velocidad de circulación por los diferentes canales, curva peligrosa, etc. Al conocer el significado de estos sencillos iconos, entendemos que nos dicen algo más que su interpretación elemental y traducible en palabras; nos dicen, asumimos, entendemos rápidamente, ante una señal de curva peligrosa, que debemos bajar la velocidad, posiblemente hacer cambio de luces al carro de vía contraria, y agregamos conductas individuales derivadas de nuestras condiciones especiales, tales como el posible riesgo que corremos si nuestro automóvil lleva llantas vencidas o tiene cualquier falla mecánica que afecte en ese caso; el discurso también incluirá la precaución a tomar si llevamos niños en el auto, si llueve, si hay neblina, si nuestra vista está fallando, si estamos cansados, si hemos bebido, comido, etc. Luego, un pequeño símbolo de tránsito, un simple icono de colores sobre un soporte metálico que no es siempre igual, ni tiene las características de la cosa representada, nos ofrece, a propósito de la experiencia y las convenciones establecidas, un conjunto de información general e individual; un discurso que escuchamos de acuerdo a nuestras condiciones personales y el reconocimiento del símbolo.

Entendemos entonces que básicamente, para que se efectúe el proceso de comunicación, se requiere compartir un cúmulo de información que nos permita reconocer el significado de lo expuesto, manejar las convenciones sociales establecidas, más allá del lenguaje verbal, las cuales interpretamos de acuerdo a nuestro nivel cognitivo. Comprendemos así que una imagen-símbolo, es un enunciado completo y no una palabra, un enunciado general y específico en su interpretación compleja.

Nacimos y nos desenvolvemos en un mundo de códigos complejos. Hoy en día, manejamos un inmenso universo audiovisual, universo que incluye y supera en mucho la efectividad de la palabra. Estamos habituados a leer las imágenes generadas por la tecnología, reconocer sonidos diferentes a las onomatopeyas, a distinguirlos y articularlos con las palabras; a leer los colores y su carga significativa, comprenderlas de acuerdo a la especificidad de cada grupo social. En fin, integramos todos los elementos, los distintos códigos exhibidos y los leemos como una totalidad indisociable, asumimos entonces su significación como un solo discurso, no importa cuantos elementos se conjuguen en él.

Al sentarnos ante una computadora reconocemos de inmediato los iconos y sonidos que nos remiten a las diferentes operaciones que realizamos en ellas; pero cuando intentamos explicarlo a un desconocedor de estos sistemas, nos vemos forzados a elaborar un larguísimo discurso que no siempre es comprendido, no sólo porque utilizamos una nueva terminología, sino porque el desconocedor no maneja la convención e iconografía elemental del nuevo lenguaje.Ejemplo:

Luis se comunica con Juan para preguntarle el porqué su computadora se siente más lenta. Juan, de inmediato indaga cuánto tiene de RAM, cuánta memoria libre queda en su disco duro, cuántas aplicaciones tiene abierta, si ha de fragmentado el disco, si lo ha escaneado, etc. Pero Luis, quien recién se inicia en el sistema, desconoce esos datos y no le es posible ofrecer la información. Juan, entonces, intentará guiarlo computadora a computadora; pero ante el temor de Luis de dañar su máquina por la confusión entre iconos y un léxico que le es extraño, Juan se verá obligado a una explicación detallada que le llevará muchísimo tiempo y no asegurará su efectividad. Al final, es muy posible que Juan le ofrezca enviarle un e-mail que intente traducir lo que le ha venido explicando, o se traslade a la casa de Luis para revisar él personalmente la computadora.

En conclusión, al no existir códigos compartidos, la comunicación se hace difícil, cuando no imposible. Luego la semejanza en los diferentes niveles de conocimiento del código utilizado por los hablantes hará más fluida la comunicación.

Existen otras maneras de comunicar más sublimes, menos concretas y no por ello menos efectivas; otros elementos que nos ofrecen información y que asumimos a partir de nuestra experiencia y desarrollo del intelecto a través del conocimiento del saber. Códigos como la música, la pintura, la arquitectura, la matemática, la informática, etc.